|
A Ítaca llegué, mas no era Ítaca.
Sus calles parecían las calles de Ítaca. Las gentes hablaban el viejo idioma. Los vestidos y peinados de las mujeres eran iguales que en Ítaca. Las casas, los palacios, el hogar de mis padres, los cantos de los pájaros...
Los dioses eran los dioses de Ítaca, los pórticos, el río, los esclavos; el vino era sin duda el vino de Ítaca, también los mercaderes y manjares.
Todo estaba en su sitio, pero aquello no era lo que dejé, lo que anhelaba encontrar al regreso...
A Ítaca llegué, mas no era Ítaca o no era yo quien a Ítaca llegaba.
|